La fiambrera es una hucha.

 Unos once millones de españoles, según la empresa de consultoría Kantar Worldpanel, preparan sus comidas en casa para consumirlas después en el "tupper".  Ése es uno de los efectos positivos de la crisis y no es broma. Esos individuos preparan sus comidas a placer, conociendo de donde vienen los ingredientes, controlando ellos mismos los procesos de guiso o cocción y luego se lo zampan en la oficina con garantía de buena digestión. 


El fenómeno "tupper" ha provocado, a su vez, que muchas empresas hayan habilitado espacios con frigoríficos, microondas, cafeteras,  sillas y mesas, donde los condenados bíblicos  por aquello del sudor y de la  frente, entre los que me encuentro,  consumimos a mediodía la pitanza hecha en casa la noche  anterior.


 De hecho la denominación de "tupper", palabra  que  sale de la simplificación de la marca americana  Tupperware, engloba  a cualquier fiambrera o tartera de plástico que cierra herméticamente y explicita perfectamente su popularización. Lo mismo pasó con los tebeos, que la pillaron  del TBO o con el "buga", nombre con el cual algunos pelopinchos denominan al coche, aunque se refieran a un mas que modesto  Chery, artefacto chino muy alejado de los lejendarios Bugatti. También reconforta economizar en silabas, aunque los que limpian, brillan y dan esplendor a la lengua estén de los nervios.


 No hay ninguna duda de que este hábito de llevar su "tupper" al trabajo,  cada vez secundado por mas personas, tiene algunas ventajas. La primera es que como está el patio no tenemos porque dejarnos una importante suma de dinero cada mes en restaurantes. Eso, otra ventaja también importante, ha llevado al cierre de sitios donde se cocinaba, por decirlo de manera suave, verdadera basura. Con aceites refritos, panes húmedos, carnes de tercera y pescado congelado de pésima calidad. Todo con muchas patatas fritas , también precongeladas. Esos tugurios donde las vinagreras estaban pegajosas. 


Algunos de ellos ya han cerrado, cosa de la que me alegro por el bién de la salud de la  gente, no por el destino de los trabajadores que andaban por ahí sudando la gota gorda en condiciones de trabajo infames, pero trabajando al fin y al cabo. Por el propietario no me preocupo. En un  país en que  levantamos estatuas a Lazarillo de Tormes y donde contemplamos, con un par,  destacados gerifaltes entrado en la trena aplaudidos por sus comilitones, las sorpresas vienen anunciadas y las cartas están marcadas. Aquí el pícaro o el sinvergüenza siempre encuentran bolsillo al que meter mano sin compasión.Y es la envidia de todos. No nos engañemos. 
Menudo ejército de bandoleros que tenemos por aquí entre los de la construcción y los de la restauración. No miro mas arriba que la señora Sinde anda con la lupa  y la tijera, a ver que recorta, casca o intenta aproximar al progreso.Su progreso/sa, claro.O clara.


Vuelvo al "tupper", que ya andaba por Úbeda. Mi sistema es muy sencillo. Yo voy por lo disociado, aunque eso va a gusto de cada  uno y en relación al tonelaje que tiene que soportar nuestra báscula. Si optáis por esa dieta hacerlo bajo control médico.éso es muy importante.
 De primero ensaladas o verduras en diferentes combinaciones y presentaciones. Y de segundo pescado o carne. Cada día una carne distinta, ternera, cerdo, pollo o conejo. Y con el pescado alterno los blancos y los azules. Para terminar cualquier pieza de fruta sirve. Y luego el café en la máquina que ha habilitado la empresa.


 Encontrareis recetas para vuestro "tupper" en excelentes pàginas como la oficial de Tupperware, en La cocina del dia de mañana o en La comida que se lleva




(Imagen: valira.com) 

2 comentarios:

Ague dijo...

Me ha encantado tu post y la verdad sea dicha tenemos que reforzar la costumbre del tupper o fiambrera,por cierto sanísima costumbre,me quedo aquí en tu blog y de seguidora y si lo deseas quedás invitada a pasar por el mio,saluos.

Carpanta de Nola dijo...

Gracias Ague. Me hago seguidor de tu blog.
Salud