Todo por la pasta.



Una de las bases mas económicas para una buena comida es la pasta, en cualquier forma. De entrada tenemos dos tipos de pasta. La fresca, la que se puede hacer en casa con harina de primera calidad , agua, sal y se le puede añadir huevo . La otra es la que consumimos mas comúnmente, la pasta seca, que encontráis en los súpers cercanos y que pueden tener precios muy dispares. Desde las italianas artesanales acreditadas como Latini hasta las modestas y mas que decentes Romero, de Daroca en Zaragoza. La formas son inimaginables. Usar unas u otras es muy personal y depende de lo que queramos obtener con la pasta, pero el que os escribe utiliza habitualmente las italianas Barilla, relativamente fáciles de encontrar y a precios que se escapan poco mas allá del euro el medio kilo. Con eso comen cuatro personas.
Pocas explicaciones hacen falta para la cocción. Litro de agua por cien gramos, sal, unas gotas de aceite de oliva y a hervir el tiempo recomendado. Hay que ser muy precisos si os gustan al dente. Hay una formula italiana casera que funciona a la perfección pera saber si pasta está a punto. Cogéis, por ejemplo, un spaghetti en pleno hervor y lo lanzáis a la pared de la cocina. Si que queda pegado, ya podéis apagar el fuego, escurrir y engullir.
Y a partir de aquí el campo es amplio, da para todo tipo de mezclas, desde la mas sencilla de mantequilla, pimienta y parmesano, hasta los venecianos "alla vongole" o con tinta de sepia. La pasta, como el arroz, realiza maridajes increíbles. Son esponjas del sabor que les acompaña. Sobre el valor nutricional: el 67% de la pasta son hidratos de carbono. El 33% restante son proteínas, grasas y fibra.
Los hidratos de carbono son el combustible principal de las células que son las que proporcionan energía a todo el organismo. Es por eso que los deportistas profesionales consumen pasta en cantidades industriales. Ahora bien, una vez escuché un ciclista profesional, ya retirado, que dijo en una mesa redonda que "si alguien cree que con un plato de macarrones subimos al Tourmalet, está plenamente equivocado." Ahí se consumen otras sustancias no siempre alimenticias y que provocan primeras paginas de periódicos no precisamente por haber realizado una bacanal.
No me sorprende, dado la benignidad de la pasta, que haya aparecido, incluso, una religión basada en ese producto excelso, el Pastafarismo, como reacción festiva a las teorías creacionistas de algunos neocons norteamericanos.

Todo por las nubes.




"Qué difícil intentar salir ilesos de esta tontería en la que nos hayamos presos." Me permito alterar la frase y el contexto de la frase de Joaquín Sabina justo después de haber visto por Antena 3 un nuevo invento que viene a añadir mas tontería en ese despropósito en que se está convirtiendo la gastronomía de éste país. Amigos, unos tinerfeños han inventado, gracias un sistema de imanes, los platos voladores.
Por lo que se ve en Canarias han pillado unos cuantos científicos ociosos para hacer éste invento. ¿Os imagináis que la cosa va a más y dentro de dos días tengamos tenedores y cuchillos flotantes. Botellas de agua mineral de lujo con cristales de Swarovski inundando el espacio inerte del comedor? O pedir en un restaurante, "por favor unas gambas al ajillo flotantes regado con una esferificación de Coca Cola" .
Mucho me temo el invento se ira expandiendo entre los restaurantes vendedores de humo y con una cuenta que ya está por las nubes. Para poner a volar las cuentas en algunos restaurantes no utilizaron científicos. Con cuatro contables con ínfulas, sumergidos en los sitios más snobs y teniendo "paniaguados" a algunos sectores de la prensa, todo resuelto. Y el calificativo "paniaguados" es un decir. Mas apropiado seria decir "Moussehumificados".





Rossend Domènech, un amigo


Hoy os ofrezco un par de artículos pillados en prensa que están en plena consonancia que con la filosofía básica de este blog. El primero es de Rossend Domènech, corresponsal de El Periodico en Roma :



"En Italia se come mejor":

“En Catalunya se come mal. No tiene nada que ver con los cocineros de gran calidad del país, porque son la punta avanzada de investigación y creatividad. Se come mal en el día a día, en las casas y en la mayoría de restaurantes: mala materia prima, malos aceites, peores vinagres… y engaño. Congelados a mansalva (¿por qué no es obligatorio anotar en el menú que un plato procede del congelado?) y disparates como cocinar con el microondas. La gastronomía compite en superficialidad con Gran Hermano. Cuanto más evanescente, más venta y más simposios. Iniciativas como Alimentaria son saludables, pero eso no es la gastronomía corriente. ¡Qué pícara genialidad la de los catalanes de juntarse con los italianos para proteger la dieta mediterránea! Los italianos ignoran que, por lo general, en Catalunya se come fenicio o visigodo, cualquier cosa menos dieta mediterránea: ¿alguien ha visto acaso en un menú de restaurante catalán una simple lista de verduras, como en Italia? Es cosa de fondas, si todavía quedan. ¿Acaso el aceite virgen extra se usa habitualmente en las casas o en los locales, como sucede en Italia? ¡Si en nuestro país se empieza a vender en botellitas que por el precio se asemejan a esencia de caviar! Mientras, los aceites de uso diario son refinados, reluciente, coloreados, aromatizados, cualquier cosa menos un simple estrujado de olivas. Todavía hay quien cree que el llamado aceite de oliva es solo de oliva, ignorando muchas otras cosas permitidas. Lo que haya comido una ternera durante su vida, que lleve hormonas o colorantes, que los llevan, eso ya no interesa. Que judías famosas del país procedan de Wisconsin (EEUU), tampoco. Tal vez sea hora de preocuparse en serio por una educación de la gastronomía.”


Le sigue la corriente, desde el aplauso, el escritor y periodista
Quim Monzó desde La Vanguardia.


“Con las cosas de comer se juega, pero se juega bien” :

“El jueves Rossend Domènech publicó un artículo sobre comida y, como era época de vacaciones, pues quizá reparó en él menos gente de lo que merecía. Y me sabe mal, porque dice cosas sensatas, de las que no se acostumbran a oír sobre asuntos gastronómicos. Apareció en El Periódico, se titulaba “En Italia se come mejor” y empezaba con una frase inapelable: “En Catalunya se come mal”.
Domènech tiene razón. Aparte de excepciones tan honrosas como escasas, en Catalunya se come mal, digan lo que digan los que viven de manejar el botafumeiro. Y, en cambio, el papanatismo de la religión gastronómica –que se venera en los altares de las televisiones y los suplementos dominicales– hace que muchos crean lo contrario: que vivimos en el paraíso de la buena mesa. Reconoce Domènech que en Catalunya hay “cocineros de gran calidad”, pero aclara que “se come mal en el día a día, en las casas y en la mayoría de restaurantes: mala materia prima, malos aceites, peores vinagres… y engaño”.
Yo, el artículo de Domènech –claro y conciso–, lo imprimiría en forma de bando. Y lo daría como primera lectura obligatoria a todos esos niñatos que sus padres han educado a base de Tele Pizza y frankfurts aceitosos, y que, ahora, como ven por la tele que las nuevas estrellas del rock son los cocineros, pues quieren ser cocineros. Escribe Domènech que, en Catalunya, “la gastronomía compite en superficialidad con Gran Hermano. Cuanto más evanescente, más venta y más simposios”. Totalmente de acuerdo. Escribe Domènech: “¿Alguien ha visto acaso en un menú de restaurante catalán una simple lista de verduras, como en Italia?” Pues no. “¿Una simple lista de verduras?”, pensarán todos los cocineros que no se ponen el delantal por menos de un carpaccio de bacalao con espuma de kiwis (o, por la banda baja, por algo mejor que una merluza congelada y freída en aceite refrito mil veces). Domènech acaba el artículo con la frase: “Tal vez sea hora de preocuparse en serio por una educación de la gastronomía”.
Y ahí es donde no lo veo yo claro: “educación de la gastronomía”, ¿cómo y a cargo de quién? ¿De los padres, la mayoría de los cuales ha perdido ya el norte del paladar y confunde gastronomía con impostura pretenciosa? ¿De los educadores, que tres cuartosde lo mismo? Estas últimas décadas, en Catalunya se ha roto la cadena que en lugares como Italia y el País Vasco hace que la tradición culinaria (la que es motor de toda evolución realmente creativa) pase aún de padres a hijos. Domènech es el corresponsal en Roma de su periódico, y se nota. Sólo alguien que, al vivir en Italia, percibe que la cocina real no tiene por qué ser una estafa es capaz de darse cuenta de lo mal que estamos aquí y, además, de escribirlo “.

No hace falta añadir nada más.

La ecologia que arruina.


Me desayuno, ligero, con 80.000 parados mas. Y van ya mas de 3.600.000. Menos mal que no había crisis y, cuando se han dado cuenta, nos dicen que ya estamos saliendo de ella. Me reconforta. Uno lo aplica a su ámbito y lo relaciona con una noticia parecida este agosto pasado y que tienen incidencia en la bolsa de la compra. Para ir a comprar la comida.
Agrodigital se ha hecho eco de un estudio de la American Journal of Clinical Nutrition donde se asegura que los elementos ecológicos no son mejores para la salud que los convencionales. El estudio está hecho por la FSA, la Agencia de Estándares Alimentarios del gobierno británico.
Eso significa, hablando en plata, que el 98 por ciento de los productos que encontramos en el mercado cumple con los requisitos de calidad esperado y solo hay un dos por ciento, los del cultivo ecológico, que les pueden superar quizá en sabor, pero con los mismo nutrientes.
Atención porque este tipo de producción, la ecológica, esta enriqueciendo a mucho vivales que, insertando una simple etiqueta encima de un saco de tomates, dobla el precio del producto no "ecológico". Como siempre, dejemos que ese dos por ciento de producción caiga en manos de snobs de diferente pelaje. Para que lo consuman tipos como Al Gore y otros excelentes agentes de marqueting de la catástrofe inexistente. Nuestro bolsillo lo agradecerá. Quizá no tanto nuestro paladar, pero la cosa no está para alegrías.