El pan, alimento subversivo

    Que fácil lo están poniendo en Barcelona para que el personal se ponga estupendo y subversivo. A las autoridades del ayuntamiento no les gusta ahora que los transeúntes coman bocadillos por la ciudad. Por tanto, van a obligar a los establecimientos a tener mesas para que el personal no se desparrame, por ejemplo, por las ramblas, con el majestuoso bocadillo de tortilla de patatas entre las fauces,  según me informa hoy el diario El Mundo.


 Algunas veces he ido a Barcelona y no recuerdo haber comido un bocadillo en medio de la calle, pero hoy me han entrado ganas de recorrer unos centenares de kilometros y plantarme en plena Plaza Cataluña y zamparme unos cuantos en plena vía publica. Me va la marcha.


   El bocadillo es, sin lugar a dudas, uno de los pilares de la comida económica y, si se elabora bien, es un alimento muy completo nutricionalmente. Atención que una cosa es el sándwich, echo con pan de molde, y otra cosa el bocadillo hecho con pan común. El concepto general a  los dos tipos de preparación lo inventó, dicen,  en el siglo XVIII un noble británico para poder jugar al poker y no ensuciarse las manos mientras engullía. Se trata de  John Montagu, IV conde de Sandwich. La historia, vista a su manera, la contó Woody Allen en su delirante  "Como acabar de una vez por todas con la cultura": 


"1741: reside en el campo con una modesta herencia y trabaja día y noche apretando con frecuencia el cinturón para ahorrar y comprar comida. Su primera obra terminada (una rebanada de pan, otra rebanada de pan encima de la primera y un trozo de pavo encima de las dos rebanadas) fracasa miserablemente. Desilusionado hasta la amargura, regresa a su estudio y vuelve a empezar todo de nuevo.

1745: después de cuatro años de frenética labor, está convencido de haber alcanzado la antesala del éxito. Expone ante sus colegas dos trozos de pavo con una rebanada de pan en medio. Todos rechazan su obra salvo
David Hume, quien presiente la inminencia de algo grandioso y le alienta a seguir. Enardecido por la amistad del filósofo, vuelve a su trabajo con renovado vigor."


Hasta que lo consiguió. Es muy probable que mucho antes, personajes anónimos consiguieran la proeza del noble, pero no había nadie allí para levantar acta de tan formidable evento.

Pero vamos a lo práctico.Os acerco unas cuantas recetas de bocadillos, completos y sabrosos para degustar donde queráis, excepto en las calles de  Barcelona.
 Por ejemplo, el de anchoas y queso manchego, un poco raro, si, pero con un gusto muy original. Otro caliente de lomo, queso y pimiento del piquillo, el bocadillo de caballa o melva, y para terminar la fiesta, aquí tenéis una muestra, comercial eso si , de sándwich muy originales de una marca francesa. quedaos con la idea y lo hacéis en casa.

El bocadillo puede ser,  también, una arma para la rebelión. Al menos en Barcelona. Pobres barceloneses.


(Imagen de viena.es)

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