Dejad que los niños se acerquen a mi, para comer.

 Aunque parezca mentira por lo que leemos estos días en la prensa y en la red, la gente de iglesia no ha dedicado al largo de los años la mayoría de su sacro tiempo a perseguir a la chiquillada. Por supuesto que paguen los responsables de tamaño abuso además de delito. Sin ningún ánimo de descargo, es constatación objetiva afirmar que las iglesias y los conventos han sido durante siglos un conservatorio para el fomento de  saberes de todo tipo entre los que se encuentra el culinario.


No es objetivo de éste blog  entrar con lupa en la cocina vaticana, rebosante de lujo, sino husmear en los obradores de conventos donde llenaban la olla a base de arrancar costrones a la miseria. Y de ahí podemos sacar lecciones para comer de manera económica con elaboraciones sencillas hechas con productos que tenemos a mano. Esos que crecen en nuestro entorno y que a cada kilómetro que se alejan de su nacimiento, crece su precio.


  Os paso un par de recetas extraídas del libro "Un convento de aromas." 

 "Conejo al gazpacho 
La sencillez de esta receta no es proporcional a su gusto, pues el resultado es una verdadera caricia para el paladar. esta forma de guisar un conejo podría ser denominada como "receta útil para cocineros con livianos fundamentos."

Ingredientes:
Un conejo, 4 dientes de ajo, 2 tomates, 1 copita de vinagre, 1 cebolla no muy grande, 4 cucharadas de aceite crudo de oliva, sal y agua.

Modo de hacerlo:
Se ponen todos los ingredientes en crudo en una olla, se cubren de agua, y se dejan hacer a fuego lento. También sale exquisito en la olla exprés.
Pudin de dulce de patata 
Ingredientes:
1/2 kilo de patatas peladas y cocidas; 1/2 kilo de azúcar, 3 huevos, matenquilla o manteca, ralladura de limón o vainilla, canela molida.

Modo de hacerlo:
Se deshace muy bien la patata en una fuente, y se le añade las yemas de huevo y el azúcar, batiendo bien hasta que se forme una pasta suave; luego se le añaden las claras batidas a punto de nieve, la canela, y la ralladura de limón o vainilla (también sirve azúcar vainillado). Se vuelve a mezclar todo muy bien. Se unta una fuente de horno con matequilla o manteca, se echa encima la mezcla muy bien repartida, y se pone a horno medio hasta que se dore."


Ahí tenéis un par de platos para toda la familia y, el segundo especialmente dedicado a los golosos de la casa, los chavales. No es para consuelo de nada sino para explicarles que en todas partes hay de todo. De malo, mucho,  y de bueno, lo justito, por desgracia. 

(Imagen de  irdetapas.wordpress.com)

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