Matrimonios raros para nuestra conveniencia.









Siempre he pensado que de la mezcla sale riqueza, si lo que se aprovecha es la mejor esencia de cada elemento que interviene en el mejunje. Os hablo del yantar, que cada uno extrapole eso a la esfera que quiera, pero yo no me aventuro por esos barrancos.


He andado estos días por la Costa Brava. L'Empordà. Pocas cosas se pueden explicar que no hubiera escrito el meticuloso adjetivista Josep Pla. Incluso en su libro "El que hem menjat", volumen XXII de sus obras completas hay una descripción detallada de las costumbres gastronómicas del lugar.


Pero hay toda una gama de platos que llama especialmente la atención. Lo que aquí llaman "Mar y montaña".
El origen de esa mezcla, producto de mar con vianda de tierra, es antiguo y curioso. Antes de que extraños bárbaros urbanos invadieran esas calas, por aquí la langosta se paseaba por las playas como un alemán por Mallorca. Era el tiempo en que el pollo, en esta costa, era un lujo asiático y solo reservado a los pudientes. No se comía todos los domingos, ni mucho menos. La comida habitual de aquí era la langosta, otros mariscos y demás animales sumergibles. Cuando los pescadores conseguían un pollo intentaban prolongar su sabor acompañándolo en la cazuela con una langosta. Ahora la ceremonia matrimonial es la misma, pero el objetivo distinto, hablando siempre de un maridaje de intereses.

El pollo es, a parte del mejillón, la proteína mas barata y, en cambio, la langosta, una de las mas caras.
De ahí el "pollo con langosta". El plato requiere de un arte sencillo. Pero, como siempre, paciencia. Freís primero a ese pobre pollo ya seriamente aquejado por alguna enfermedad tratable por un o una psicoanalista después de estar unos meses en una apretujada granja, y lo troceáis a octavos Sin sacar los trozos de pollo hacéis ahí mismo un sofrito base con cebolla, tomate, ajo y pimiento. Paciencia. Un chorrito de vino blanco. Que el pollo se lo beba, merecido lo tiene el pobre hombre después de tanto apretujón y tantas horas sin dormir. Entonces inundáis la cazuela con caldo de pescado, mejor hecho por vosotros, con raspas, espinas , cabezas de pescado blanco, y cuando falten unos minutos le lanzáis la langosta troceada. Luego una picada típica . Se acabó.


Pero eso es solo el abc del concepto mar y montaña. Podéis hacer calamares con conejo, gambas con cerdo, ahí cabe de todo. I buscar buenas materias primas. Las de temporada siempre son baratas.








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